martes, 26 de julio de 2011

El ciclo de vida del hombre, comparado con el año.

Otra vez puede decirse: "Como es abajo, es arriba". Así como la vida de los
Salvadores del Mundo, el Cristo en particular, están representados simbólicamente en el ciclo
solar, también la vida de cada hombre está en correspondencia con las Cuatro estaciones.
En la paz y el blanco silencio del Solsticio de Invierno está situada la noche
del Nacimiento Santo, pues el que cada Ego retorne a la Tierra a reasumir las
responsabilidades de una nueva peregrinación reencarnatoria es un evento muy sagrado. En
el Equinoccio de Primavera, con su poderoso fluir y comenzar de las fuerzas de vida
encontramos una correspondencia con la juventud y sus mareas de entusiasmo e inspiración.
La Pascua es por sobre todo el Festival de la Santa Juventud, como la Navidad es el festival
del Niño Santo; y los resucitados Salvadores del Mundo han sido casi siempre mostrados
como hombres jóvenes que se han sacrificado en la primavera de sus vidas.
El Solsticio de Verano se muestra en la Estación de la exuberante belleza, la
culminación de las fuerzas de vida y de la creatividad de la naturaleza. Su correspondencia
humana es con la adultez, el fruto del árbol de la raza humana. Las fuerzas del alma que
germinaron en la juventud han crecido y florecido en la rica perfección de la madurez.
Y finalmente, con el Equinoccio de Otoño es que llega el tiempo de la
cosecha, la recapitulación espiritual. El Sol que se elevó en la juventud y alcanzó su cenit en
el Verano, ahora flota suavemente hacia el Oeste, llenando el horizonte con su dorada gloria.
Esta es la Estación de la vejez, donde el espíritu humano, santificado, purificado, glorificado,
se prepara a su luminosa transición. Es la época del Gran Tránsito, mediante el cual el
Espíritu en ininterrumpida continuidad de conciencia, atraviesa despierto y triunfante de la
vida mortal a la inmortalidad. Ya la muerte no es más un dormir o un terror, sino el puente de
luz que conecta lo visible con lo invisible.
Así, en resumen, son las Enseñanzas del Cristianismo de la Nueva Época, que
será tratado en las siguientes páginas. Son conceptos majestuosos y verdades transformantes,
presentadas no sólo para satisfacer la curiosidad intelectual, sino para inducir a un modo más
espiritual de vida. Según vayamos atrapando su significado y poniéndolo en práctica
viviente, no seremos más simples observadores del Drama Cósmico, sino parte vital de éste,
co-trabajadores con Cristo en Su Diaria Tarea de establecer el Reino del Padre sobre la
Tierra.

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